“Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo:
un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para estar de luto y un tiempo para saltar de gusto.” — Eclesiastés 3:1,4 (NVI)
Mi amiga recibió malas noticias. El reporte de su médico reveló que tenía un tumor maligno. Se sintió triste y decepcionada al escuchar que tendría que enfrentar otra temporada de dificultades médicas. Se suponía que este sería su año de descanso y recuperación. El peso de la situación era abrumador. Le pregunté cómo podía orar por ella, y su respuesta me tomó por sorpresa. Me miró con esperanza en los ojos y dijo: “Dios sigue en el trono”. Aun en medio de esa triste noticia, creía que todo estaría bien.
Aunque estaba triste, decidió proteger su corazón y sus emociones para no caer en la desesperanza. ¿Cómo encontró la fuerza emocional para recibir semejante diagnóstico y aun así elegir el gozo? Ella vio su tristeza como una invitación a volver su atención a Cristo y permitir que Su obra sanadora comenzara en su interior.
La tristeza es una señal emocional que nos indica que algo malo ha sucedido. Es temporal, y todos, en algún momento, tendremos que enfrentarnos a ella en alguna de sus muchas formas. Pero también es una oportunidad para conocer un aspecto del carácter de Dios que quizá antes no habíamos experimentado. Recuerda que Dios no desea que estas experiencias nos atrapen en un ciclo de dolor y desesperanza.
Aquí hay algunos pasos prácticos que pueden ayudarnos a superar los sentimientos de tristeza:
1. Recuerda que Dios está contigo.
No estamos solos. Cuando entendemos que la presencia de Dios está cerca y disponible para ayudarnos, encontramos paz. Muchas veces, la tristeza se intensifica por la sensación de aislamiento y miedo. En el Salmo 139, el salmista declara que no importa dónde estemos, Dios está allí.
2. Habla con alguien en quien confíes.
Conversar con otros y permitirles orar con nosotros por nuestras dificultades es una excelente forma de sobrellevarlas. Cuando expresamos en palabras lo que sentimos, ayudamos a nuestra mente a procesar mejor las emociones. Hebreos 10:24-25 y Gálatas 6:2 nos recuerdan lo importante que es reunirnos y compartir las cargas de la vida con otros creyentes.
3. Alaba a Dios por las cosas buenas en tu vida.
Cantar alabanzas nos ayuda a enfocarnos en dónde Dios está obrando en nuestro corazón. Puede parecer extraño, pero inténtalo. Un dato interesante: al cantar, el cuerpo produce la hormona oxitocina, que nos hace sentir más confianza y conexión con los demás. El canto nos acerca a Dios y nos hace más conscientes de Su presencia entre nosotros. El Salmo 59:16 lo expresa así: “Pero yo cantaré de tu poder, y por la mañana alabaré tu amor; porque tú eres mi protector, mi refugio en momentos de angustia.”
La vida no hace excepciones: todos enfrentaremos tiempos difíciles. El libro de Eclesiastés nos recuerda que la tristeza y las pruebas forman parte de la experiencia humana. Pero gracias a Cristo, podemos atravesar los momentos duros sabiendo que Dios está con nosotros… y que tiempos mejores vendrán.
Profundiza
1. Elige tres canciones que te ayuden a alabar a Dios y a levantar tu espíritu. Escúchalas y canta si conoces la letra.
2. Lee Salmo 139:1–18. ¿Cómo te ayudan estos versículos? Escribe tres maneras en las que reconoces que Dios está contigo.
3. ¿Qué te está enseñando Dios acerca de Si mismo en esta temporada de tristeza?





