Sigo revisando mi buzón esperando una invitación para hablar en una graduación escolar, pero lamentablemente nunca llegó. Así que decidí compartir algunos consejos financieros que me hubiera encantado recibir cuando me gradué (tanto de la preparatoria como de la universidad).
1. Cuando tengas que elegir entre aprender de tus propios errores o de los errores de otros, elige siempre los errores de otros
Tu generación tiene acceso a más información que cualquier otra en la historia.
A la derecha está el internet, a la izquierda las bibliotecas, y justo enfrente una educación de calidad. No solo hay más información, sino que la tecnología permite acceder a ella de manera más rápida y eficiente.
Pero la historia no sirve de nada si no aprendemos las lecciones que desesperadamente quiere enseñarnos.
Mira, podrías cometer tus propios errores… pero ¿realmente tiene sentido hacerlo?
Lee un buen libro de finanzas personales. Suscríbete a blogs de finanzas (como Seedtime). Habla con tu abuelo. Aprende de quienes ya cometieron los errores antes que tú.
2. Recuerda que el espejo es tu mejor indicador de inversión y tu mejor asesor financiero
Existen más indicadores de inversión de los que me interesa conocer. Algunos miden cuándo el mercado está caro y cuándo está barato. Otros predicen cuándo comprar y cuándo vender.
Hay un tiempo para todo. Que el mercado esté a la baja no significa que sea un buen momento para ti para invertir.
Que las casas estén en su precio más bajo a nivel nacional no significa que sea un buen momento para ti para comprar una casa.
Sigue un plan: desarrolla una vida de generosidad, sal de deudas, crea un fondo de emergencia sólido, y luego invierte o compra una casa. Compra cuando tú estés listo, no cuando el mercado lo diga.
3. Elige la vida por encima del dinero
El dinero no es el rey de la selva financiera. Tomar cada decisión únicamente porque “matemáticamente es la mejor” es un error. Te sentirás atrapado y perderás la pasión por la vida. Dios quiere que vivamos la vida en plenitud. La vida es Su regalo, y cómo la vivimos es un acto de mayordomía.
Nunca he ganado mucho dinero —aunque Dios continuamente me ha bendecido con más ingresos—, pero en la medida de lo posible, mi esposa y yo hemos elegido seguir lo que nos apasiona, no solo lo que paga las cuentas.
Curiosamente, las cuentas siempre se han pagado.
4. Si solo piensas en hoy, tu “yo del futuro” va a enojarse contigo
Nadie conoce el número de sus días. Pero si Dios te concede 10 o 15 años más y actúas de manera financieramente irresponsable, tu “yo del futuro” tendrá cosas bastante desagradables que decirte.
Cada día que gastas de más son dos días futuros haciendo miserable a tu yo del mañana. Esa es la triste realidad de pagar intereses a otros: te hundes cada vez más en deuda.
Pero hay otra cara de la moneda. Cada día que gastas menos de lo que ganas son dos días en el futuro en los que no tendrás que trabajar. Así se construye la libertad financiera.
La mejor manera de ser responsable hoy es hacer un presupuesto y controlar tus gastos.
No ignores a tu “yo del futuro”.
5. Dar con generosidad es una de las cosas más satisfactorias que puedes hacer con tu dinero
He hecho muchas cosas con dinero. He gastado dinero pagando deudas. Esa es una sensación horrible: saber que alguien más se beneficia solo porque te prestó dinero.
He gastado dinero en las “necesidades” diarias de la vida. Pero la satisfacción que dan las cosas nunca dura. El reproductor MP3 que me emocionaba tanto se rompió. Mi primera laptop era enorme y pesada, y ahora existe el iPad. Lo nuevo pronto se vuelve viejo.
He gastado dinero en experiencias y recuerdos, y ahí ya vamos mejor. Al mirar atrás, esos recuerdos se vuelven más valiosos con el tiempo. Todavía suman algo de valor a mi vida.
He gastado dinero ayudando a otras personas. Una de las primeras decisiones que mi esposa y yo tomamos al casarnos fue apoyar económicamente a unos misioneros en Japón. Aún hoy, pensar en eso me llena el corazón. ¿Habrá hoy un cristiano en Japón gracias a ese apoyo? Esa sensación es increíble. Ser parte del plan de Dios es profundamente satisfactorio.
Una vez ayudé económicamente a una familia para que su hijo pudiera operarse de labio y paladar hendido. A veces me pregunto quién sonríe más hoy: ¿él o yo?
Tal vez por eso la Biblia habla tanto sobre dar.
6. Tu patrimonio no define tu valor
La vida te va a decir muchas mentiras. Aquí va una de ellas: “Tu valor es la suma de todo lo que posees”. Así no se calcula tu verdadero valor.
Toma todo tu dinero y tus posesiones, réstale todo lo que debes y divide ese número entre mil.
Luego suma a todas las personas que has ayudado, animado, enseñado, servido e impactado, y multiplica ese número por cincuenta mil.
Tu valor está determinado por tu obediencia a Dios y tu servicio a los demás. Cuando mueras, nadie va a admirar tu estado de cuenta, pero muchos llorarán si tocaste sus vidas y honraste a Dios.
7. No escuches solo una fuente: verifica
Todos tienen una opinión, pero no todos tienen la razón. De hecho, yo mismo no estoy de acuerdo con algunas cosas que he dicho en el pasado.
La gente te ofrecerá consejos financieros con facilidad. Está bien. Pero no los aceptes con la misma facilidad. Trata cada consejo como incorrecto hasta que se demuestre lo contrario.
Cuando apagas el cerebro y sigues ciegamente, tu yo del futuro se va a molestar contigo.
8. Nunca subestimes el factor riesgo
Este es un área con la que lucho constantemente. Suelo ignorar el riesgo y pensar que soy la excepción a la regla. Pero día a día debo recordarme incluir el riesgo en mis decisiones.
¿Preferirías ganar $40,000 al año con poco riesgo, o $75,000 con la posibilidad de perderlo todo en una sola transacción? A veces, lo que llamamos ambición no es más que codicia disfrazada.
Recuerda: la tortuga sigue ganándole a la liebre.
9. La deuda trae destrucción devastadora
Obtener cosas endeudándote es un pésimo plan. Evita la deuda como si fuera un monstruo de dos cabezas. Probablemente en tu vida adquirirás algún tipo de deuda —la mayoría lo hace—, pero hazlo siempre con oración y extrema precaución.
Deudas que siempre debes evitar: tarjetas de crédito y endeudarte para invertir.
Deudas que deberías tratar de evitar: préstamos para autos (mira cuánto puedes ahorrar pagando en efectivo).
Deudas manejables con moderación: préstamos estudiantiles y vivienda.
Si decides endeudarte, esfuérzate por pagar lo antes posible.
10. Ora por tu propósito financiero, porque Dios tiene algo que quiere hacer con Su dinero
Probablemente no despertarás mañana sabiendo exactamente qué quiere Dios que hagas con Su dinero, pero con el tiempo tu propósito financiero se irá aclarando.
Habla con consejeros confiables, ora constantemente, y Dios te mostrará cómo quiere que uses Su dinero.
Tener dinero sin propósito es algo peligroso.



