Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad. – 1 Juan 3:18
Demostremos la verdad con nuestros actos
Siento que este versículo probablemente nos llega al corazón a muchos, porque sabemos lo que se siente al experimentar un amor falso. Es cuando tienes expectativas de alguien cercano, alguien en quien confías y que busca tu bienestar. Incluso puede que te diga con palabras que te ama, solo para que luego te encuentres con esa decepción. Esa constatación de que lo que creías que era amor verdadero resultó ser falso.
Palabras sin acciones
También podemos identificarnos con la idea de que a veces tenemos palabras para expresar ciertas cosas —podemos hablar— pero nunca las respaldamos con nuestras acciones ni con nuestra forma de vivir. Menciono estos dos ejemplos simplemente para mostrar que el autor de 1 Juan capta una comprensión fundamental de la experiencia humana. Siempre ha sido cierto que existe la posibilidad de que nuestras palabras reflejen una cosa y nuestra forma de vivir, otra. Conocemos la decepción que supone experimentar esto en nuestras vidas. Siendo sincero, también sé lo que se siente al ser quien lo demuestra: tener palabras que dicen una cosa y una vida que dice otra. A eso lo llamamos hipocresía.
El actor de teatro
Esa palabra tiene mucha fuerza, porque al oírla suena como una acusación hiriente. Pero al comprender su verdadera esencia, al analizar su significado original, resulta menos agresiva y mucho más reveladora. En la antigüedad, cuando se leía este texto, un hipócrita se entendía históricamente como un actor. En otras palabras, alguien que se ponía un disfraz, recitaba unas líneas, actuaba y, al terminar la actuación, abandonaba el personaje.
En la actualidad, sabemos lo que significa ser actor, alguien que está interpretando un papel. Tienen un personaje que representan, pero sabemos que el personaje y la persona que lo interpreta son dos personas distintas. Esta es la idea que se comunica en este versículo. No nos limitemos a decir que nos amamos; demostrémoslo con nuestros actos. No seamos actores que solo expresan amor con palabras. Respaldemos esas palabras con nuestra forma de vivir.
Hazlo
En Nueva Jersey, donde crecí, se decía: "No hables de ello, hazlo". En otras palabras, puedes hablar todo el día, pero a menos que lo demuestres con hechos, no importa. ¿Por qué es esto tan importante? Pues bien, las Escrituras dicen que el mundo sabrá que somos discípulos de Jesús por la forma en que nos amamos unos a otros. Esto requiere que no solo digamos que amamos a los demás o que hablemos de amarlos, sino que nuestras vidas reflejen ese amor de tal manera que la gente vea que el gran amor y la gracia de Jesús nos han transformado, cambiando nuestra manera de servir a los demás. No queremos que nuestras palabras sean el final de nuestro camino de fe. Queremos que nuestras palabras coincidan con las acciones que brotan de nuestro corazón, con nuestra forma de vivir.
