Todos hemos conocido personas que están muy enfocadas en cuidar su cuerpo físico. Son disciplinadas, comprometidas con su salud, pasan horas haciendo ejercicio y comiendo de manera saludable. Pero ¿qué dice la Biblia sobre cuidar nuestro cuerpo físico? ¿Deberíamos esforzarnos al máximo en el gimnasio y comer solo alimentos saludables?
Primero, debemos entender que nuestro cuerpo fue dado por Dios y para Dios. No nos pertenece. Todos estamos llamados a ser buenos administradores de lo que Él nos ha confiado, y eso incluye cómo cuidamos nuestro cuerpo. La forma en que lo tratamos también afecta nuestra alma. Cuando estamos bien físicamente, podemos servir mejor a quienes tienen necesidades espirituales. Dios nos llama a cuidar nuestro cuerpo para Su gloria. He aqui algunos puntos para orar y reflexionar.
1. “¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.” — 1 Corintios 6:19-20 (NVI)
Padre, ayúdame a comprender que el cuerpo que me has dado no me pertenece; fue hecho para Tu gloria, no para la mía. Enséñame a ser un buen administrador y a honrarte con la manera en que trato a mi cuerpo: lo que como, cómo hablo de mí mismo y cómo vivo en pureza sexual. Reconozco que mi cuerpo es un templo, algo sagrado. No quiero contaminar el templo que me has confiado. Aunque mantenerme puro es una gran responsabilidad, confío en Tu fortaleza para lograrlo. Decido depender de Ti. En el nombre de Jesús, amén.
2.“El entrenamiento físico sirve para poco, mientras que la piedad es útil para todo, ya que incluye una promesa no solo para la vida presente sino también para la venidera.” — 1 Timoteo 4:8 (NVI)
Señor, entiendo que el ejercicio físico tiene su valor, pero no quiero que ocupe el primer lugar en mi vida. Ayúdame a entrenarme en la piedad, a parecerme más a Ti, Jesús. Que mis palabras y acciones reflejen Tu carácter. Este es mi deseo, Señor. Te lo entrego en fe. En el nombre de Jesús, amén.
3.“Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente.” — 3 Juan 1:2 (NVI)
Padre, Tú deseas que prospere también en mi salud física. Reconozco que mi cuerpo debe reflejar Tu gloria. Pero también entiendo que el cuidado del cuerpo puede convertirse en un ídolo. Enséñame a mantener el equilibrio entre una buena salud y una vida espiritual sólida. Fui creado para conocerte, y eso es lo más importante. Ayúdame a mantener mi enfoque en Ti. En el nombre de Jesús, amén.
4.“Así que, ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.” — 1 Corintios 10:31 (NVI)
Dios, reconozco que toda mi vida debe glorificarte. No se trata de mí, sino de Ti. Ayúdame a vivir con gratitud, reconociendo que todo lo que tengo proviene de Ti: los alimentos, mi sentido del gusto, la capacidad de disfrutar lo que como. Que incluso mis comidas se conviertan en una forma de adorarte. Espíritu Santo, dame la fuerza para hacerlo todo para Tu gloria. En el nombre de Jesús, amén.
5. “Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.” — Romanos 12:1 (NVI)
Padre, te pido fortaleza para ofrecerte mi cuerpo como sacrificio vivo. Usa mis manos, mis pies, mis ojos, todo mi ser para Tu gloria. Te entrego mi corazón, mi mente, mi cuerpo y mi alma. Gracias por enviar a Jesús a morir por mí. Al recordar ese sacrificio, mi respuesta es adorarte. Quiero que mi vida sea agradable ante Ti. En el nombre de Jesús, amén.
6. “No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu.” — Efesios 5:18 (NVI)
Padre celestial, enséñame a ser guiado por Tu Espíritu. Que Tu Palabra llene mi mente y dirija mis pasos. Quiero vivir disciplinado para Tu gloria. Sé que negarme a los deseos de la carne es difícil, pero cuando busco gratificación instantánea, recuérdame la recompensa eterna de decir “no” a lo temporal y “sí” a lo que tiene valor eterno. Esto incluye la oración, el ayuno y el cuidado físico. Sin Ti nada puedo hacer. Confío en Tu fuerza, no en la mía. En el nombre de Jesús, amén.
7. “La esperanza frustrada aflige al corazón; el deseo cumplido es un árbol de vida.” — Proverbios 13:12 (NVI)
Padre celestial, Tú eres mi esperanza. Dame fuerzas para mantener mis ojos puestos en Ti y para hacer de Ti mi máxima prioridad. Líbrame de cualquier ídolo que compita por Tu lugar en mi corazón. Tú mereces lo mejor de mí. Aunque cuidar mi cuerpo es importante, mi meta más alta es conocerte. No quiero perder la esperanza, porque Tú eres mi esperanza. Enséñame a guardar mi corazón, que es fuente de vida. Quiero caminar con gozo, lleno de Tu presencia. En el nombre de Jesús, amén.
8. “Nadie odia su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia.” — Efesios 5:29 (NVI)
Padre, ayúdame a tener una perspectiva sana de mi cuerpo. Es un regalo que me diste para glorificarte. Enséñame a cuidarlo con disciplina, respeto y amor. Al hacerlo, también quiero ser compasivo conmigo mismo. Perdóname por las veces que he despreciado mi cuerpo o lo he comparado con otros. Recibo Tu perdón hoy, Señor. En el nombre de Jesús, amén.



