¿Sabías que la persona promedio pasará un tercio de su vida —más de 90,000 horas— trabajando? Y muchas de esas horas, si somos honestos, probablemente las pasaremos deseando estar en otro lugar. Incluso en un trabajo que amo, me encuentro esperando el final de la jornada, el fin de semana o el próximo día feriado.
Amigo, eso significa 90,000 horas deseando estar en otra parte.
Lo más difícil de aceptar es que ni siquiera estoy aprovechando esas horas de manera eficiente. Las estoy desperdiciando. Y esas horas son un regalo de Dios; mi empleo es un regalo de Dios; y el trabajo en sí es un regalo de Dios. Si no estoy honrando a Dios con mi trabajo, estoy desperdiciando un regalo que viene de Él.
Entonces, ¿cómo podemos disfrutar más del trabajo? ¡Cambiando nuestra mentalidad! Aquí tienes cuatro maneras en como tu trabajo honra a Dios.
1. El Trabajo es para Nuestro Beneficio
¿Sabes cuál fue lo primero que Dios le encomendó a Adán después de crearlo? ¡Trabajar!
Si no lo crees, fíjate en Génesis 2:15:
“El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén para que lo cultivara y lo cuidara.” (NVI)
Muchas veces pensamos en el trabajo como un castigo más que una bendición. Pero en realidad fuimos creados para trabajar. Era parte de su plan perfecto incluso antes de que entrara el pecado al mundo.
2. El Trabajo es Necesario
El trabajo es una parte fundamental del plan de Dios para nosotros. Tan importante, que incluso nos manda a trabajar. Sin el esfuerzo de las manos humanas no habría comida, ni ropa, ni entretenimiento, ni absolutamente nada si todos decidiéramos dejar de trabajar.
Y no solo eso, sino que el trabajo nos hace crecer. No se trata únicamente de ganar dinero. También produce carácter, madurez y afina nuestras habilidades.
Haz una pausa y reflexiona conmigo. Mis trabajos me han enseñado paciencia, me han ayudado a perfeccionar mis habilidades como escritora, han desarrollado mi capacidad de trabajar en equipo y han fortalecido mi ética laboral. Cada empleo que he tenido —desde ser anfitriona en Applebee’s hasta ahora escribir para I Am Second— me ha moldeado como persona.
3. El Trabajo nos Motiva a Vivir en Segundo Lugar
No importa lo que diga la placa con el nombre de tu jefe. Si sigues a Cristo, tu verdadero Jefe es Jesús. Fuimos diseñados para trabajar de tal forma que, al hacerlo, estemos sirviéndole a Él.
Por ejemplo, Colosenses 3:23-24 dice:
“Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor.” (NVI)
Esto debería impulsarnos a dar lo mejor de nosotros, viviendo en Segundo Lugar y poniendo a los demás Primero.
Como seguidores de Jesús, la verdadera recompensa al final de esta vida no provendrá de nuestros gerentes, jefes o directores generales. Vendrá de Cristo.
En última instancia, la pregunta que deberíamos hacernos es: Si pudiéramos ver a Jesús como nuestro jefe directo, ¿trabajaríamos de manera diferente? Te hace pensar, ¿no?
4. El Trabajo está Preparado para Nosotros
¿Sabías que Dios te tiene exactamente en dónde estás —en el empleo que tienes— porque tiene un trabajo específico para ti?
La Biblia dice que Él nos ha ungido, lo que significa que Dios nos ha colocado en cierto lugar para cumplir una tarea en particular. Y no solo nos asigna esa tarea, sino que también nos capacita para realizarla. De la misma manera, Dios te ayudará a enfrentar cualquier desafío para completar la obra que Él mismo te ha confiado.
¿Cuál es ese trabajo al que Dios te ha llamado? No necesariamente se trata de una profesión específica o un título de puesto. Tu papel, en cualquier ámbito laboral, es honrarlo siendo fiel, honesto, orando por tu trabajo y mostrando amor hacia quienes trabajan contigo.



