En el otoño de 1983, tenía ocho años, recién llegado de la Ciudad de México y estableciéndome en Colorado Springs, y mis padres decidieron que debería tener una ruta de reparto de periódicos. Todavía puedo sentir el aire fresco mientras pedalaba a través de los vecindarios, lanzando periódicos a los porches.
Pero lo que es aún más memorable que esos paseos matutinos frescos es ese primer cheque de pago. No era solo dinero, era una revelación. Ganar mi propio dinero cambió cómo veía cada dólar. Ahora, como padre, estoy transmitiendo esas lecciones a mis hijos. Mi ruta de periódicos moldeó mi enfoque para enseñarles sobre dinero, valor, y carácter.
Ganándolo de la Manera Difícil
Repartir periódicos no era glamoroso, pero era mío. Cada periódico doblado, cada madrugada, se sumaba a dólares que se sentían diferentes porque los había trabajado. Esa ruta de periódicos, que mantuve hasta mi último año de preparatoria, me enseñó que el dinero tiene peso cuando lo ganas tú mismo.
Con mis hijos, intento recrear esa conexión. Comienzan con tareas, hacer camas, lavar platos, porque contribuir a nuestro hogar viene primero. Una vez que dominan eso, pueden asumir trabajos adicionales, como limpiar el auto por un dólar u organizar el garaje por cinco. No se trata solo del dinero; se trata de vincular el esfuerzo con la recompensa. Aprenden que el dinero no aparece mágicamente, es el resultado de presentarse y poner en el trabajo.
Si eres padre, comienza pequeño. Deja que tus hijos ganen un poco a través de tareas que los desafíen. Los cumpleaños y la Navidad podrían traer regalos en efectivo, pero la lección real golpea cuando ven su trabajo convertirse en dinero. Es el primer paso para entender el valor, no como un número, sino como algo que han ganado.
Mayordomía: Realmente No Es Mío
Aquí hay uno difícil que he tenido que aprender y ahora enseño: el dinero en mis manos no es completamente mío. Es una mayordomía, una responsabilidad de administrar sabiamente. Dios nos da recursos para usar pensadamente. Enseño a mis hijos a dividir su dinero: algo para ellos mismos, algo para bendecir a otros, y algo para devolver, como el diezmo a nuestra iglesia.
No se trata de una regla estricta del 10 por ciento, aunque esa es una guía que usamos. Se trata de fomentar un corazón generoso. Los niños naturalmente se aferran a sus ganancias, pero quiero que vean el dinero como un regalo compartido, como cuidar un jardín. Estoy tratando de criar hijos que cultiven, no que acaparen.
En casa, usamos frascos etiquetados para gastar, ahorrar, y dar. Cuando mis hijos donan un dólar a una causa o compran un bocadillo para un amigo, lo celebro. Es un paso hacia ver el dinero como una herramienta para el bien, no solo una forma de agarrar más cosas.
Carácter: Moldeando una Mentalidad Sobre el Dinero
Para mí, el dinero amplifica quién eres, así que me enfoco en construir rasgos de carácter en mis hijos: autocontrol, paciencia, humildad, empatía, y responsabilidad.
El autocontrol es enorme. Los niños son emocionales, y el dinero puede despertar impulsos impulsivos. Una Navidad, mi hijo se lanzó sobre regalos por los que había estado muriendo de ganas, solo para preguntar al día siguiente, "¿Podemos comprar más?" Lo detuve. Hablamos sobre por qué la emoción se desvaneció tan rápido y qué significa contentamiento. Al guiarlo a pensar, "¿Necesito esto? ¿Puedo disfrutar lo que tengo?" lo ayudé a domar el impulso de gastar.
La paciencia es otra lección. Ahorrar para una meta más grande, como un juguete nuevo, construye perseverancia en un mundo de todo instantáneo. La humildad los mantiene con los pies en la tierra. Les recuerdo que tener dinero no los hace mejores que nadie más. Es una oportunidad de servir, no de presumir.
La empatía es personal para mí. De niño, me aferraba a cada centavo de mi ruta de periódicos, pensando, "¿Por qué debería dar esto? Ellos también pueden trabajar." Pero ver las necesidades de otros, como un amigo sin dinero para el almuerzo, me cambió. Ahora, impulso a mis hijos a dar con discernimiento, equilibrando generosidad con practicidad.
La responsabilidad lo une todo. Presupuestar, incluso simplemente, les enseña a rastrear su dinero. Usamos el sistema de frascos o sobres y usamos efectivo para hacerlo real. Ver cómo el "fondo de diversión" se reduce después de un viaje a la sala de juegos les muestra que el dinero no es infinito y que las decisiones importan.
Haciéndolo Real
No necesitas una ruta de periódicos para enseñar estas lecciones. Comencé donde estaba. Mis hijos ganan a través de tareas, usan frascos para clasificar su dinero, y aprenden a hacer una pausa cuando quieren algo brillante. Cuando ruegan por un juguete nuevo, pregunto, "¿Qué está impulsando esto? ¿Podemos esperar una semana?" Comparto mis propias decisiones, como saltarme un café elegante para ahorrar, para mostrarles cómo se hace.
Mi objetivo no es criar avaros, sino hijos que vean el dinero como una herramienta, no un jefe. Al enseñar valor, mayordomía, y carácter, estoy dándoles algo mejor que riqueza: la sabiduría para usarla bien.
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Conforme nuestros hijos crecen, experimentan cambio constante. Desde cambios físicos hasta emocionales y mentales hasta espirituales, nuestros hijos están buscando orientación e influencia positiva mientras exploran el mundo. En nuestro papel como padres, hay una variedad de formas en que podemos fomentar el desarrollo social y conductual de nuestros hijos.
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El Dr. Danny Huerta es un psicólogo bilingüe y trabajador social clínico licenciado que supervisa las iniciativas de paternidad de Focus on the Family. Durante muchos años, ha proporcionado a las familias consejos de paternidad prácticos, bíblicos, y basados en la investigación sobre temas como discernimiento de medios, disciplina, comunicación, salud mental, resolución de conflictos, y sexualidad saludable. Es apasionado por acompañar a los padres mientras crían contribuyentes en lugar de consumidores en una cultura desesperadamente necesitada del reino de Dios.
El Dr. Huerta ha servido a familias a través de práctica privada y en el ministerio durante más de 15 años y es autor del libro 7 Traits of Effective Parenting.



